Cocina
Una cocina barroca
Las cocinas en las casas son las estancias más utilizadas. En ellas se almacena la comida, se guisa, se come, se conversa… Tienen que ser lugares funcionales en los que pasar un buen rato en familia durante las comidas.
En la imagen inferior podrás ver una cocina que parece un museo. De hecho solo le falta un cuadro para serlo. Os confieso que no me gusta nada. Analizamos cada complemento para intentar explicar en qué se han equivocado.
No tiene desperdicio
Empezando desde el techo, éste ya merece una parada. No es un techo liso pintado con pintura plástica para facilitar su limpieza. Se trata de un techo con artesonado y con hendiduras demasiado prominentes.
Por otra parte la iluminación es excesiva. Además de halógenos tiene tres arañas y dos apliques en la pared. ¿Pero quién puede comer tranquilamente con una luz tan intensa sobre su cabeza?
Lo único que me gusta es el color empleado en la pared. Es un gris tenue que combina a la perfección con las molduras de madera blanca del resto de la casa.
La elección de muebles en dos tonalidades tampoco me parece acertado, sobre todo porque el ambiente ya está muy recargado. Ni tan siquiera las encimeras presentan una continuidad y tienen colores distintos. La zona destinada a comedor es oscura. Mesa, sillas y banco con una gran respaldo tapizado en capitoné son de color negro. Para mi gusto demasiado tétrico. El suelo de la cocina presenta el mismo color.
El resultado final es una cocina oscura y poco dada a la improvisación. Percibo demasiada frialdad y rigidez. ¿Os imagináis a niños pequeños comiendo en esta estancia? ¿O jugando? Siempre pienso que las casas son para vivirlas no para que sean lugares para mostrarlos y no disfrutar de ellos.
¿Os gustan este tipo de cocinas o preferís decoraciones más funcionales?




