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Bignonias: coros de trompetas

  • 19 sep 2012
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Por: Marta Fernández

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Los brillantes colores de sus flores —naranja, escarlata, salmón, rosa, amarillo— vibran durante los meses de verano, otoño e incluso invierno en las ramas de estas espectaculares y vigorosas trepadoras que son las bignonias. Sobre un muro o una valla, en una pérgola o gazebo, son capaces de ofrecer belleza y sombra, y atraer con su néctar a las abejas y mariposas. El Mediterráneo les ofrece un hábitat ideal.

El género Bignonia abarca 499 especies, muchas de las cuales adoptan también los genéricos Campsis, Tecoma, Tecomaria, Pandorea, Podranea, Pyrostegia… al fin y al cabo, todos de la familia Bignonaceae.

La inmensa mayoría son trepadoras leñosas de rápido crecimiento, capaces de extenderse entre cinco y diez metros, o arbustos de porte erguido. Tienen en común sus llamativas flores en forma de trompeta o embudo, que surgen agrupadas en cimas, racimos o panículas. La corola está formada siempre por cinco pétalos, cuyos lóbulos pueden ser tan largos como el tubo, o más cortos. Los polinizadores naturales las buscan. Muchas de estas especies viven muy a gusto en España, sobre todo en las costas mediterráneas, especialmente las que son más resistentes a la sequía.

Algunas, como las Campsis en general, pueden soportar temperaturas muy frías en invierno, en tanto que las Tecoma y Pandorea solo toleran hasta -7 grados. Precisamente de las temperaturas mínimas que sean capaces de soportar dependerá que el follaje sea persistente, semipersistente o caduco. Las hojas pueden ser simples o compuestas pinnadas; los folíolos suelen ser ovales y acabados en punta, con bordes lisos o aserrados.

Preferencias de cultivo

  • Las bignonias prefieren un sustrato con buen drenaje, rico y fresco (tierra ligeramente húmeda), aunque muchas de ellas viven bien en cualquier tipo de terreno.
  • Prefieren el pleno sol, pero admiten la sombra parcial y la semisombra luminosa.
  • Es mejor si se hallan en un emplazamiento al abrigo del viento.
  • Precisan en general riegos regulares profundos, más abundantes en verano. En cualquier caso, no toleran el encharcamiento. Muchas de ellas pueden resistir la sequía y el calor extremo una vez establecidas.

Estas trepadoras se reproducen fácilmente por semilla, esqueje o acodo en primavera o verano. Su cultivo, sin embargo, exige ciertas precauciones: las Campsis, en particular, poseen raíces rizomatosas muy proclives a emitir estolones y a expandirse sin límites, a lo que se suma su capacidad de autosiembra y su vigoroso desarrollo vegetativo. Por ello conviene destinarlas a zonas del jardín alejadas de la vivienda o utilizar barreras para las raíces. Las podas fuertes sirven también para mantenerlas a raya. Plantarlas en grandes tiestos permitirá gozar de su belleza y controlar a la vez sus tendencias expansionistas.

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