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El jardín medieval

  • 8 jun 2012
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Por: Clara García-Pando

La historia del diseño de los jardines empezó años atrás. Ya por la temprana Edad Media, que se comprende entre los siglos V y XV, las parcelas ajardinadas estaban caracterizadas por una serie de particularidades que representaban el espíritu y la mentalidad de la época. Durante estos siglos el jardín era otra parte más de la casa.

Tenía varios usos, aunque su función era principalmente utilitaria. Su estilo carece de perspectiva estética. Normalmente, estos vergeles de planta cuadrada o rectangular se dividían en varios compartimentos, aunque son un conjunto de parcelas sin conexión. Una zona se dedicaba a la plantación hortícola, de árboles frutales, legumbres y otras hortalizas, con el fin de obtener alimentos, como caracterizaba a la economía de subsistencia de estos años. Asimismo, también se utilizaba para cultivar plantas medicinales.

No obstante, también se reservaban partes para plantar especies aromáticas y flores. Las más comunes que se solían encontrar eran bellas, pero también guardaban un significado simbólico. Había rosas para encarnar el amor de Dios. Se encontraban azucenas y lirios para representar la pureza de la virginidad. Otro tipo de árboles que se suelen encontrar son los cipreses, una especie que imponen la esencia espiritual, elevándose al cielo, y representan la inmortalidad del alma.

Austeridad y espirtualidad

La mayoría de ellos se localizaba en patios particulares de monasterios y castillos. Los miembros de las órdenes religiosas estaban encargadas de cuidarlos y hacer uso de ellos, según su particular forma de vivir. Sin duda, este estilo de vida se refleja en la austeridad y la sencillez de la decoración. Este vergel se dedica a la contemplación y al encuentro con Dios y con el interior del ser humano. Por eso, normalmente todos ellos estaban vallados con setos o amurallados. También son muy frecuentes las enredaderas para adornar estos muros y otras partes del recinto. Se encontraban aislados del exterior, de hecho, de esta época provienen las hortus conclusus, esto es, las huertas cerradas.

En la actualidad, no se conserva ninguno de estos jardines y solo se conocen por los relatos literarios o las pequeñas representaciones gráficas. De hecho, una parte de la esencia de estos jardines se ha conservado en los jardines secretos que se hacían los grandes señores ocultos entre la fastuosa decoración ajardinada de las suntuosas mansiones del Renacimiento y del Barroco. ¿Te los puedes imaginar?

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