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La rosa de China

  • 21 jul 2011
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Por: Libertad Durán

Just chaos, en Flickr (Licencia CC).

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Como planta originaria del trópico, el ‘Hibiscus rosa-sinensis’ se da muy bien en las zonas más cálidas de España. En un jardín pueden alcanzar un buen tamaño, pero en los centros de jardinería los encontrarás también de pequeño porte, ideales para terrazas o interiores. La cayena de los dominicanos y los colombianos de Barranquilla pertenece a un género, Hibiscus, que abarca más de 200 especies herbáceas, arbustivas y arbóreas originarias de las zonas tropicales y subtropicales, dentro de la familia de las Malváceas.

El H. rosa-sinensis proviene del sudeste de Asia; de hecho es la flor nacional de Malaisia, donde se llama bunga raya. Sus flores, en forma de embudo abierto, lucen vivos colores entre un brillante follaje verde oscuro: desde el rojo escarlata hasta los rosados, asalmonados, anaranjados, blancos y amarillos de sus numerosos cultivares híbridos. Las hay de corola doble con pétalos arrebujados, o de corola simple, de la que sobresale su larga y característica columna de estambres.

Existen más de cien variedades de este hibiscus, entre las que destacan ‘Snow Queen’, ‘President’ y ‘Orange Eye’, entre otras. En los climas tropicales florece todo el año; en las regiones mediterráneas y continentales, las flores aparecen en verano y aunque su vida es efímera (uno o dos días), la planta no deja de producirlas hasta bien entrado el otoño.

Sus bellas flores y las dimensiones que alcanzan en ciertas variedades convierten a la rosa de China en una planta perfecta para crecer en solitario en un rincón del jardín, o en arriates y macizos, mezcladas con otras plantas. Pero, además, son muy adecuadas para setos: sólo es necesario plantar varios ejemplares en línea y en unos meses se podrá disfrutar de una pantalla vegetal en flor, muy bella y original. En las regiones de clima continental se deberán ubicar contra un muro protegido, que decorará de manera espectacular. Estos arbustos pueden superar los dos metros y medio de altura, y algunos cultivares crecen muy bien en tiestos y jardineras, que se pueden colocar en la terraza.

Qué cuidados necesitan

Dado su origen tropical, los hibiscus necesitan abundante sol, calor y humedad: sólo así sus flores se desarrollarán en todo su esplendor y su follaje persistirá (según el clima, pueden perder la hoja). En las regiones interiores de España es aconsejable situarlos al abrigo de un muro soleado, que los proteja del frío, las corrientes de aire muy fuertes y las heladas (letales si son plantas muy jóvenes).

No son muy exigentes con el sustrato, siempre que el drenaje sea eficaz, aunque prefieren los suelos fértiles, ricos en materia orgánica y frescos. Se plantan en primavera y conviene acolchar el terreno con una capa de compost, para proteger las raíces de posibles heladas tardías. Durante la floración conviene que no pasen sed, así que habrá que regarlas de forma regular, pero sin encharcar. El resto del año, solo hay que procurar que el suelo no se seque del todo. Para potenciar su floración y controlar su crecimiento, a finales del invierno o principios de la primavera, según el clima (en los más benignos florecen antes), necesitarán una buena poda.

Manteniendo su estructura de ramas principales, es preciso acortar un tercio la longitud de los tallos; las flores surgirán en los brotes nuevos. Los esquejes permitirán reproducir los ejemplares (la mayoría, además, son híbridos). Aunque son bastante resistentes, pueden ser atacadas por la cochinilla, la araña roja, el pulgón o la mosca blanca, que se combaten con insecticidas, y algunas enfermedades fúngicas.

Revista Verde es Vida número 55, página 37

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